El 16 de diciembre del año 2025 el Patronato del Museo Guggenheim Bilbao en declaración solemne y repentina –tras saber que la inmensa mayoría social es contraria al proyecto– decide cancelarlo, con un falso relato alegando razones tanto inherentes como sobrevenidas de tipo jurídico, administrativo, urbanístico, judicial y de plazos, y soslayando la contundente opinión comarcal ya desde el primer informe (julio 2025) del proceso de escucha encargado a Agirre Lehendakari Center (ALC). Y ello a pesar de que la inmensa mayoría de esas dificultades ya estuvieron en el tablero desde el principio: 2007. Es más, la estrategia de remover de forma arrolladora todos los obstáculos que se interpusieran, fue consciente, voluntarista y declarada con el compromiso de poner todos los medios y recursos para superarlas.
Tras el magnífico y sugerente informe definitivo de ALC del 26 de enero de 2026, en un acto con más pena que gloria de la parte institucional –ya habían liquidado el proyecto y minusvalorado el rol del informe– se refuerzan los resultados inequívocos sobre tres ideas bastante compartidas y transversales a casi todas las sensibilidades: Urdaibai y la Reserva son un activo a proteger y no un problema; se necesita un plan económico integral comarcal en Busturialdea; y se rechaza basar el relanzamiento de la comarca en el turismo masivo, tras las experiencias de Gaztelugatxe, Barcelona o la parte Vieja de Donostia. La mirada sobre el turismo ha cambiado.
Tras el magnífico y sugerente informe definitivo de ALC del 26 de enero de 2026, en un acto con más pena que gloria de la parte institucional –ya habían liquidado el proyecto y minusvalorado el rol del informe– se refuerzan los resultados inequívocos sobre tres ideas bastante compartidas y transversales a casi todas las sensibilidades: Urdaibai y la Reserva son un activo a proteger y no un problema; se necesita un plan económico integral comarcal en Busturialdea; y se rechaza basar el relanzamiento de la comarca en el turismo masivo, tras las experiencias de Gaztelugatxe, Barcelona o la parte Vieja de Donostia. La mirada sobre el turismo ha cambiado.
Lo que falta en el relato institucional
En la comparecencia de la diputada general de Bizkaia, Elixabete Etxanobe, en comisión de las Juntas Generales del 13 de enero 2026, dio su explicación sobre las razones principales que han empujado al Patronato del Museo a cancelar el proyecto Guggenheim Urdaibai, antes de conocer el resultado final del proceso de escucha que se iba a producir a final de mes. Quedó feo, pero querían desvincular la decisión respecto al informe.
La explicación pública es un conjunto de excusas mal traídas para no tener que admitir que ha sido la oposición general la que imposibilitaba llevar a cabo semejante proyecto por ir en contra de los deseos de la ciudadanía local. Entre las explicaciones principales de la Diputada, no figura, como relevante, el resultado provisional del «proceso de escucha».
Y ello a pesar de que, salvando las distancias, desde la cancelación de la central nuclear de Lemoiz en 1984, no se había producido un movimiento ecologista y popular con tanto respaldo en Euskal Herria frente a la alianza de poderes políticos, económicos y mediáticos (incluido EITB).
Tampoco figuraban en las explicaciones, el peligro de internacionalización del conflicto tras la irrupción de Greenpeace, y de científicos europeos, con el riesgo añadido de que se retiraran las calificaciones RAMSAR o ZEPA o Red Natura, en caso de perpetrarse un museo en un estuario protegido. Tampoco figuraba el mosqueo de la Fundación GG Nueva York que entendía que la marca se estaba desacreditando con tanta oposición. Igualmente, no se apuntaron razones electorales, a pesar de que el declive del PNV en la comarca podía llegar a un punto de no retorno de continuar con el proyecto. Todo eso no está.
Y, sin embargo, ha sido una opinión pública mayoritariamente crítica con el proyecto, la que lo ha tumbado. Y no ha sido una opinión cualquiera. Porque no ha sido una victoria de un mero NO, sino, al contrario, ha sido la de un SÍ en la defensa de la naturaleza y de un verdadero desarrollo sostenible que la respetara.
Ha sido tan en positivo que las «fuerzas vivas» que han abanderado la posición crítica, la hicieron acompañar de una “Propuesta de Plan Económico y ecosocial estratégico para Busturialdea–Urdaibai desde la sociedad civil” (Gernika Gogoratuz, noviembre 2024), discutido a lo largo de un año, con 26 medidas tractoras a 5-10 años, que sí podían haber cambiado la fisonomía económica de Busturialdea, en términos de desarrollo integral y descarbonizado y con un metabolismo equilibrado entre recursos y outputs, en lugar de hollar la naturaleza a lo bestia y de depredar el territorio y modo de vida con un monocultivo turístico.
La ciudadanía comarcal la ha percibido como una amenaza inminente al entorno, al territorio y al modo de vida, por parte de las instituciones encargadas legalmente de defenderlos.
La explicación pública es un conjunto de excusas mal traídas para no tener que admitir que ha sido la oposición general la que imposibilitaba llevar a cabo semejante proyecto por ir en contra de los deseos de la ciudadanía local. Entre las explicaciones principales de la Diputada, no figura, como relevante, el resultado provisional del «proceso de escucha».
Y ello a pesar de que, salvando las distancias, desde la cancelación de la central nuclear de Lemoiz en 1984, no se había producido un movimiento ecologista y popular con tanto respaldo en Euskal Herria frente a la alianza de poderes políticos, económicos y mediáticos (incluido EITB).
Tampoco figuraban en las explicaciones, el peligro de internacionalización del conflicto tras la irrupción de Greenpeace, y de científicos europeos, con el riesgo añadido de que se retiraran las calificaciones RAMSAR o ZEPA o Red Natura, en caso de perpetrarse un museo en un estuario protegido. Tampoco figuraba el mosqueo de la Fundación GG Nueva York que entendía que la marca se estaba desacreditando con tanta oposición. Igualmente, no se apuntaron razones electorales, a pesar de que el declive del PNV en la comarca podía llegar a un punto de no retorno de continuar con el proyecto. Todo eso no está.
Y, sin embargo, ha sido una opinión pública mayoritariamente crítica con el proyecto, la que lo ha tumbado. Y no ha sido una opinión cualquiera. Porque no ha sido una victoria de un mero NO, sino, al contrario, ha sido la de un SÍ en la defensa de la naturaleza y de un verdadero desarrollo sostenible que la respetara.
Ha sido tan en positivo que las «fuerzas vivas» que han abanderado la posición crítica, la hicieron acompañar de una “Propuesta de Plan Económico y ecosocial estratégico para Busturialdea–Urdaibai desde la sociedad civil” (Gernika Gogoratuz, noviembre 2024), discutido a lo largo de un año, con 26 medidas tractoras a 5-10 años, que sí podían haber cambiado la fisonomía económica de Busturialdea, en términos de desarrollo integral y descarbonizado y con un metabolismo equilibrado entre recursos y outputs, en lugar de hollar la naturaleza a lo bestia y de depredar el territorio y modo de vida con un monocultivo turístico.
La ciudadanía comarcal la ha percibido como una amenaza inminente al entorno, al territorio y al modo de vida, por parte de las instituciones encargadas legalmente de defenderlos.
Como no se pueden cambiar los hechos, cambiemos el relato
No sé si es un axioma o una maldición. Una gobernanza de un proyecto sin transparencia no cabía culminarla con un acto de sinceridad autocrítica y de reconocimiento de la parte institucional. En cambio, siguiendo con los usos institucionales, se ha construido un falso relato para borrar, a base de chorros de tinta de calamar, las huellas del desmán y de los graves errores que le han acompañado a lo largo el tiempo. Y mira que Bizkaiko Foru Aldundia lo tenía fácil para sortear el tema con un mínimo de honor y fair play tras haber abierto un proceso de escucha, diciendo: hemos comprendido. Pero lo cierto es que no escucharon antes, ni tampoco después, cuando parecía que escuchaban. Pradales y Etxanobe tampoco le escucharon a Urkullu, cuando recomendó una demora de dos años. No se escuchan ni entre ellos. Una sordera congénita a hacerse mirar. Al contrario, nos embolaron un relato increíble para justificarse.
La Ley de Costas, la legislación medioambiental y la tramitación territorial y urbanística para llevar a cabo la creación del Guggenheim Urdaibai son las tres razones principales alegadas por Etxanobe para el cierre, en su comparecencia ante la comisión de Juntas Generales: «siempre se ha intuido que el marco normativo podía llegar a ser un obstáculo insalvable para la materialización de un proyecto singular (…) pero es hoy cuando los estudios realizados han convertido la intuición en certeza y, cuando esto ha sido así, se ha obrado en consecuencia». Aseguró que el Patronato ya por 2021 «era consciente de las fuertes restricciones a las que el ordenamiento jurídico vigente sujeta todo tipo de actuación en la zona elegida» (El Diario.es, 13-1-26).
De ser cierta la argumentación, el nivel de incompetencia llega al grado sumo cuando una institución tarda 18 años en «saber» que el proyecto no era viable.
La Ley de Costas, la legislación medioambiental y la tramitación territorial y urbanística para llevar a cabo la creación del Guggenheim Urdaibai son las tres razones principales alegadas por Etxanobe para el cierre, en su comparecencia ante la comisión de Juntas Generales: «siempre se ha intuido que el marco normativo podía llegar a ser un obstáculo insalvable para la materialización de un proyecto singular (…) pero es hoy cuando los estudios realizados han convertido la intuición en certeza y, cuando esto ha sido así, se ha obrado en consecuencia». Aseguró que el Patronato ya por 2021 «era consciente de las fuertes restricciones a las que el ordenamiento jurídico vigente sujeta todo tipo de actuación en la zona elegida» (El Diario.es, 13-1-26).
De ser cierta la argumentación, el nivel de incompetencia llega al grado sumo cuando una institución tarda 18 años en «saber» que el proyecto no era viable.
¿Cuáles han sido en concreto las razones alegadas que han cambiado ese «sí o sí» a un «no»? Etxanobe las ha dividido en tres.
La primera de ellas, las relativas a la legislación de Costas. «El emplazamiento elegido para la ubicación del museo plantea escollos en tres ámbitos: la extensión, que en este caso tiene la servidumbre de protección del dominio público marítimo-terrestre, su posible utilización para instalaciones y actividades distintas a aquellas que por su naturaleza no pueden tener otra ubicación y el estado en el que se encuentra la concesión que en su día se otorgó a la Mercantil Astilleros de Murueta S.A. con destino a la construcción de buques».
Es bien raro, porque ya habían conseguido reducir la servidumbre de protección de 100 a 20 metros –aunque estaba recurrida con tres demandas en la Audiencia Nacional, además de que el Astillero ocupa sin permisos un gran tramo inundable de dominio público marítimo-terrestre–; se recalificó el terreno en el PGOU de Murueta para acoger actividades menos onerosas que un astillero y está en tramitación; y se estaba a la espera de la ejecución del fin de la extinguida concesión y la ulterior –aunque difícil– negociación de restauraciones y compensaciones con Astilleros, según los tramos de terreno en propiedad pública o privada.
La segunda «traba», según la consejera es la legislación medioambiental, que protege el entorno de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai y la sujeta a fuertes restricciones, cosa que apenas si se ha modificado desde 1989, por lo que no es una dificultad sobrevenida, sino conocida desde siempre, y que se contaba con torear. En ello estaban a través del juego de mayorías en JJGG, con el argumento de que es Bizkaia el espacio decisional y no Busturialdea. Vamos, lo mismo que nos dicen PSOE y PP de Madrid sobre el derecho a decidir.
Por último, señaló como tercera razón para dejar de lado el Guggenheim Urdaibai, «la tramitación de los múltiples instrumentos de planeamiento territorial y urbanístico que requiere la materialización de un proyecto que afecta a varios municipios, cada uno de los cuales cuenta con su propio planteamiento urbanístico y un plan territorial parcial». Esto también estaba canalizado mediante la renuncia a planeamiento de los tres municipios afectados (Gernika, Forua y Murueta) en la parte del proyecto mediante el Plan de Compatibilización de 2024, estando en trámite la modificación del Plan Territorial Parcial de Gernika-Markina.
Ciertamente, han sido relevantes, además de la decisiva presión y opinión colectivas, las incógnitas sobre las resultas judiciales de algunas judicializaciones populares y los plazos a las que sus resoluciones remitirían (¿2035?), aunque es cosa que se podía haber previsto desde el principio desde los departamentos jurídicos. Recordemos que esas demandas son también parte del arsenal defensivo del movimiento eco-popular y, por lo tanto, remiten a este y no a la mera aplicación de la ley.
Se preguntaba un juntero «¿qué responsabilidades políticas se van a tomar por todos los errores que ha habido desde 2008 hasta 2025?». Si hay «cero autocrítica», ¿por qué «pedir perdón» a la ciudadanía por marearnos con un proyecto insalvable desde el primer momento? Ahí pinchamos en hueso. La rendición de cuentas no es uno de los fuertes de nuestra cultura política, que es más de llamarse andanas.
Ha habido gastos inútiles –salvando la limpieza de la parcela y del acuífero del subsuelo de Dalia–, pero lo peor es que nos han hecho perder tiempo, energía y recursos. Lo más grave es el coste de oportunidad perdido; o sea, la inversión que pudo hacerse y se sacrificó hace casi 20 años –por ejemplo, un plan económico concertado– mientras, al contrario, se apostaba por la quimérica opción de otro Guggenheim donde no se podía hacer. Una decisión radicalmente errónea con los mimbres entonces disponibles.
Una cosa buena de este proceso puede ser que ahora se esmeren en consultar, revisar y ampliar el contenido del vigente Plan Estratégico de Busturialdea. Por de pronto hay 40 millones disponibles que estaban reservados al Guggenheim y hay unanimidad social en aplicarlo a tejido productivo, empleo o vivienda.
En suma, es el movimiento eco-popular, por su influencia y arraigo en la opinión mayoritaria comarcal y por sus oportunas y defensivas demandas judiciales, quien ha podido con el proyecto, obligando a las instituciones a cancelarlo. Las explicaciones insostenibles suelen ser, además, de mal perdedor.
Es bien raro, porque ya habían conseguido reducir la servidumbre de protección de 100 a 20 metros –aunque estaba recurrida con tres demandas en la Audiencia Nacional, además de que el Astillero ocupa sin permisos un gran tramo inundable de dominio público marítimo-terrestre–; se recalificó el terreno en el PGOU de Murueta para acoger actividades menos onerosas que un astillero y está en tramitación; y se estaba a la espera de la ejecución del fin de la extinguida concesión y la ulterior –aunque difícil– negociación de restauraciones y compensaciones con Astilleros, según los tramos de terreno en propiedad pública o privada.
La segunda «traba», según la consejera es la legislación medioambiental, que protege el entorno de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai y la sujeta a fuertes restricciones, cosa que apenas si se ha modificado desde 1989, por lo que no es una dificultad sobrevenida, sino conocida desde siempre, y que se contaba con torear. En ello estaban a través del juego de mayorías en JJGG, con el argumento de que es Bizkaia el espacio decisional y no Busturialdea. Vamos, lo mismo que nos dicen PSOE y PP de Madrid sobre el derecho a decidir.
Por último, señaló como tercera razón para dejar de lado el Guggenheim Urdaibai, «la tramitación de los múltiples instrumentos de planeamiento territorial y urbanístico que requiere la materialización de un proyecto que afecta a varios municipios, cada uno de los cuales cuenta con su propio planteamiento urbanístico y un plan territorial parcial». Esto también estaba canalizado mediante la renuncia a planeamiento de los tres municipios afectados (Gernika, Forua y Murueta) en la parte del proyecto mediante el Plan de Compatibilización de 2024, estando en trámite la modificación del Plan Territorial Parcial de Gernika-Markina.
Ciertamente, han sido relevantes, además de la decisiva presión y opinión colectivas, las incógnitas sobre las resultas judiciales de algunas judicializaciones populares y los plazos a las que sus resoluciones remitirían (¿2035?), aunque es cosa que se podía haber previsto desde el principio desde los departamentos jurídicos. Recordemos que esas demandas son también parte del arsenal defensivo del movimiento eco-popular y, por lo tanto, remiten a este y no a la mera aplicación de la ley.
Se preguntaba un juntero «¿qué responsabilidades políticas se van a tomar por todos los errores que ha habido desde 2008 hasta 2025?». Si hay «cero autocrítica», ¿por qué «pedir perdón» a la ciudadanía por marearnos con un proyecto insalvable desde el primer momento? Ahí pinchamos en hueso. La rendición de cuentas no es uno de los fuertes de nuestra cultura política, que es más de llamarse andanas.
Ha habido gastos inútiles –salvando la limpieza de la parcela y del acuífero del subsuelo de Dalia–, pero lo peor es que nos han hecho perder tiempo, energía y recursos. Lo más grave es el coste de oportunidad perdido; o sea, la inversión que pudo hacerse y se sacrificó hace casi 20 años –por ejemplo, un plan económico concertado– mientras, al contrario, se apostaba por la quimérica opción de otro Guggenheim donde no se podía hacer. Una decisión radicalmente errónea con los mimbres entonces disponibles.
Una cosa buena de este proceso puede ser que ahora se esmeren en consultar, revisar y ampliar el contenido del vigente Plan Estratégico de Busturialdea. Por de pronto hay 40 millones disponibles que estaban reservados al Guggenheim y hay unanimidad social en aplicarlo a tejido productivo, empleo o vivienda.
En suma, es el movimiento eco-popular, por su influencia y arraigo en la opinión mayoritaria comarcal y por sus oportunas y defensivas demandas judiciales, quien ha podido con el proyecto, obligando a las instituciones a cancelarlo. Las explicaciones insostenibles suelen ser, además, de mal perdedor.

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